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martes, 5 de enero de 2016

De muñecas y cochecitos








Una vez más, como cada periodo navideño, volvemos a presenciar  una avalancha de publicidad tanto en televisión como en radio, prensa y a pie de calle anunciando una inmensa cantidad de juguetes para los más pequeños de la casa.

Aunque ya estamos acostumbrados a dicha campaña al llegar estas fechas, suele pasar bastante inadvertida la forma en que esta publicidad plantea a través de los juguetes un marcado rol de género que, lejos de ser útil, puede llegar a presentar alguna problemática en la vida y el sano desarrollo psicosocial de los niños/as.

Como padres, familiares y/o adultos en general del entorno del niño intentamos que su relación con los juguetes, uno de los medios de aprendizaje y desarrollo más importante del que disponen, sea el adecuado y nos preocupamos por que tengan una infancia normalizada, dándoles todas las facilidades posibles a la hora de integrarse en su grupo de iguales y, dicho sea de paso, complacer las exigencias de la sociedad.

Casi de forma invariable nuestro hijo acabará jugando con un cochecito de color azul, y nuestra hija se entretendrá en su casita rosa de muñecas. No sería una predicción muy arriesgada por nuestra parte. Nos sentimos cómodos cuando ocurre de esta manera, y probablemente se nos haría extraño que jugasen el uno con los juguetes del otro, no sería lo “adecuado” en cuanto a cuestiones de género, ¿verdad?

Llegado este punto se plantea necesario hacer una distinción entre “rol de género” e “identidad de género” para poder llegar a comprender la complejidad del asunto. Mientras que por un lado el “rol de género” se referiría al conjunto de normas y comportamientos percibidos por la sociedad como adecuadas para un género u otro, la “identidad de género” haría alusión a la percepción que un individuo (en este caso el niño) tiene sobre sí mismo en cuanto al género con el que se identifica, independientemente de su sexo biológico.

Lo interesante es hacer notar que aunque “identidad de género” y “rol de género” van de la mano, nos encontraremos muy a menudo con el caso de que, por ejemplo, una niña que se identifique a sí misma con su género femenino no muestre un rol de género femenino, pudiendo interesarse por unos juguetes etiquetados e indicados por la sociedad para el género masculino. Es entonces cuando saltan las alarmas.

“¿Está mostrando mi hija un comportamiento desviado respecto a los demás niños? ¿Desarrollará comportamientos masculinos? ¿Acabará sintiéndose atraída por otras niñas?”. La psicología actual es clara en este punto: El rol de género no marca la identidad de género, esto es, jugar con coches no implicaría un cambio en su identidad de género como niña.

Es cierto (y normal, teniendo en cuenta que formamos parte de la misma sociedad) que podamos llegar a sentirnos incómodos al ver a nuestro hijo jugar con muñecas cuando lo adecuado sería que mostrase una actitud “más masculina” jugando con cochecitos. Es lo que la sociedad vería como normal, y es cuando se hace visible el claro tabú que existe a día de hoy en relación a un comportamiento contrario, el cual permitiría una elección más libre al propio niño.

A pesar de ello, tal acabará siendo nuestro temor a que nuestra hija sea distinta de las demás que frente a esta situación, y posiblemente antes, nos aseguraremos por mantener un férreo control sobre los comportamientos que permitimos a nuestros hijos/as, la mayoría de las veces pasando por alto su propia felicidad y sin querer ver que nuestra hija simplemente ha decidido cambiar la muñeca por un cochecito porque, en su inocencia, no entiende cómo puede un juguete ser "solo para chicos".

Como parte de la sociedad adulta estaríamos posiblemente participando en la génesis de la psicopatología del niño, mostrando nuestro descontento por su interés en lo que realmente le gusta, viéndose forzado a jugar de otra manera para mantener contento y calmado a quien le rodea.

Finalmente esta situación acaba generando un bucle, retroalimentándose a sí misma, por la búsqueda de juguetes con unas características de género cada vez más marcadas como consecuencia del empeño de la sociedad en que los niños tengan cada vez más claro cuáles son los intereses que se espera que muestren.

Estos cuidados que antes comentamos, en ocasiones, llegarán a obviar las necesidades reales del niño dando prioridad a la de los propios adultos, y es aquí donde debemos hacer la siguiente reflexión;

¿Es el niño el que trae el problema? ¿O es la sociedad la que se encarga de crearlo?







Autor: Francisco R. Sánchez Ortega


jueves, 4 de diciembre de 2014

Padres VS Tecnología: una posición intermedia

Últimamente parece que los niños nazcan con una Tablet debajo del brazo, y es que los avances en la tecnología están cambiando las costumbres y las maneras de comportarse de nuestros infantes, al menos en lo que respecta a estas nuevas generaciones.
Este artículo no va a defender a ultranza las nuevas tecnologías, pero tampoco las va a demonizar. Es importante que todos nos demos cuenta del enorme potencial que tiene la tecnología, siempre y cuando esté bien usada. Es por eso que el artículo se va a centrar en algo tan fundamental como es la educación.


De la Dependencia a la Tecnofobia

No puedo evitar escuchar cada dos por tres que estamos criando (no hay que olvidar que la socialización es cosa de todos) niños cada vez más retraídos, que fijan su mirada en la pantalla, sin que nada más les importe. Constantes comparaciones a cuando antes los niños pasaban horas en el parque, correteando por ahí. Solo falta decir que los niños de antes tenían cicatrices de guerra(o más bien, parches en los pantalones) mientras que los de ahora solo se ganan unas pocas dioptrías.
Ninguna de las dos situaciones es totalmente cierta, pero claro, tampoco es que sean totalmente falsas. Es común, y esto se da prácticamente desde que existe la televisión, que se “abandone” a los niños delante de la pantalla para que no “den la lata”. Es una solución fácil, que deja tranquilidad a los padres para hacer sus otras obligaciones.
Se crea entonces una especie de dependencia de la tecnología por parte de los padres, al quedarse sus hijos enganchados a la estimulación que reciben por parte de televisión, tablet,videoconsola o, en edades posteriores, Internet.
Cuando surgen ideas extremas (que las máquinas están educando a nuestros hijos), es común que aparezca la idea contraria. Es entonces cuando surge la tecnofobia, o la idea de que esa televisión, esas tablets, consolas, smartphones…son máquinas del diablo que vienen a derretir los cerebros de los niños.

Es solo una herramienta

Desde que los primeros homínidos empezasen a coquetear con palos y piedras para crear las primeras herramientas, nuestra especie no ha dejado de crear y mejorar la tecnología. El ritmo de “evolución” de la tecnología ha alcanzado velocidades vertiginosas, es cierto, pero no dejan de ser nuevas herramientas. Su utilidad es más una cuestión del uso que le demos a dichas herramientas que de las características propias e intrínsecas.
En pocas palabras, los smartphones no tienen nada en sus circuitos que cause adicción, es el uso que se le da lo que provoca ciertos efectos indeseables, sobre todo en adolescentes.
Es por eso que es tan importante hablar de la educación. Sin ignorar que una dependencia de la tecnología pueda ser perjudicial para la propia educación de los niños, tampoco podemos ignorar los enormes beneficios que supone un uso responsable de dicha tecnología.
Ante el “peligro” que puede suponer, unos optan por la prohibición o el control más absoluto. Esto puede generar, o aún más desconocimiento, o una actitud de rebeldía que les lleve a querer usarlas aún más.
Más efectivo que todo eso es enseñar a los niños a hacer un uso responsable de sus dispositivos (ya sean tablets, smartphones o videoconsolas) o de la propia Internet. Educando bien a los niños nos aseguramos de que reciban todos los beneficios del uso de la tecnología (mayormente el acceso a la información) y, al mismo tiempo, minimizamos el riesgo de que se haga un mal uso de la misma, que genere problemas.
Aquí he hablado sobre todo de tecnología, pero esta manera de ver la educación se puede aplicar a otros ámbitos. Por hacer una comparación de un caso similar, es mucho más eficaz enseñar a los adolescentes a usar un preservativo que intentar prohibirles las relaciones sexuales.

Aumentar el conocimiento y fomentar el uso responsable deberían ser los pilares fundamentales de cualquier tipo de educación. 


                                                                                                           Por Alejandro Sola Berenguel


jueves, 18 de septiembre de 2014

El trastorno infantil de moda

TDAH, ¿mito o realidad?

Hace un tiempo, saltó la noticia sobre que el “descubridor” del TDAH había afirmado unos meses antes de morir que ésta era una enfermedad ficticia. Desde ese momento se hizo la polémica. ¿Es cierto que es un invento o simplemente quiso decir que las razones no son tan médicas como psicosociales?

¿Quién diagnostica el trastorno?

Para empezar, para realizar un diagnóstico sólo es necesario pasar un test a padres y profesores, ya que no hay pruebas “biológicas” y, por supuesto, no hay pruebas 100% fiables para ello. Por esto, y por muchos otros motivos, hoy en día existe un sobrediagnóstico de este trastorno. Padres y profesores podrían contribuir a ello, ya que actualmente existe una baja tolerancia a las travesuras e inquietud de los niños. No estoy diciendo con esto que no haya niños que realmente tengan un buen diagnóstico de TDAH, pero en muchos casos son los propios padres y profesores los que se empeñan y casi exigen  etiquetar al niño de esta manera ya que les causa más “molestias” que el resto, y no estamos acostumbrados a tener que esforzarnos más de la cuenta.

La polémica del tratamiento

Una vez que el niño es etiquetado como TDAH, hay que pasar al tratamiento. Es aquí quizás donde surge la verdadera polémica. Hace poco escuché hablar a un neuropediatra, el cuál aseguraba que el único tratamiento eficaz es la farmacología, o como también gusta llamarlo, drogar al niño para que sea más tranquilo. Según este señor, estaba demostrado que los tratamientos conductuales no tenían nada que hacer en este sentido, a no ser que se presentaran combinados con la pastilla.

Reflexión final

Obviamente, con afirmaciones como ésta uno se echa las manos a la cabeza. ¿Quiere esto decir que el niño diagnosticado con TDAH está condenado a vivir bajo los efectos de una pastilla? Parece que hasta el momento es así. Afortunadamente, no todo el mundo se contenta con eso y también se aboga por tratamientos conductuales.  Aún siendo un buen diagnóstico, vivir bajo los efectos del fármaco desde tan pequeños puede acarrear muchas y malas consecuencias. Entre otras (como efectos secundarios), estamos enseñando al niño a que todo se puede solucionar desde fuera, de manera fácil, sin tener que esforzarnos y que los problemas no dependen de nosotros, sino de algo que no podemos controlar ni solucionar por nosotros mismos.

Para el que quiera entrar un poco más en el tema, dejo el link a un artículo donde se habla de estos temas de manera más profunda:


          http://faros.hsjdbcn.org/adjuntos/130.2-tdha.pdf


Por: Sara R. Aguilera Esteban